20 noviembre, 2012


 ¿...?
                                                                   

Mujer:


¿Qué buscas y hurgas en mis letras? ¿Hay algo que quieres saber?  Pregunta…yo te lo diré.

Dijo Zaratustra: “Hermana mía, si eres afortunada tienes una sola virtud, y nada más que una: así atraviesas con mayor ligereza el puente.
Es una distinción tener muchas virtudes, pero es una pesada suerte; y más de uno se fue
al desierto y se mató porque estaba cansado de ser batalla y campo de batalla de virtudes.
Hermana mía, ¿son males la guerra y la batalla? Pero ese mal es necesario, necesarios
son la envidia y la desconfianza y la calumnia entre tus virtudes.
Mira cómo cada una de tus virtudes codicia lo más alto de todo: quiere tu espíritu íntegro
para que éste sea su heraldo, quiere toda tu fuerza en la cólera, en el odio y en el
amor.
Celosa estás, cada virtud de la otra, y cosa horrible son los celos. También las virtudes
pueden perecer de celos.
Aquel a quien la llama de los celos lo circunda acaba volviendo contra sí mismo el
aguijón envenenado, igual que el escorpión.”

Me provocas tristeza y te digo ahora, que estás aquí, que no hay peor veneno que el que el prepara y bebe una misma sin pensar. Deja lo que ya no es tuyo y si lo fuera, durará lo que dura un segundo.



2 comentarios:

RAFAEL H. LIZARAZO 20 de noviembre de 2012, 20:32  

Hola, Elisa:

No hay nada más dañino que la envidia y los celos, son terribles.

Llegué a tu blog por casualidad y estoy encantado de conocerte.

Un abrazo.

ELISA GOLOTT 21 de noviembre de 2012, 0:35  

Gracias Rafael por venir. Tienes razón, envenenan el alma; es muy triste, por ellos.

Un abrazo también para ti

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